EL SEÑOR ES MI PASTOR

18 julio, 2015

Domingo 16° tras los
pasos del Señor

19 de Julio de 2015

El profeta Jeremías habla en nombre de Dios; ante los pastores que abandonan el rebaño: las autoridades religiosas de su tiempo. No sólo las castigará, sino que, el mismo Dios cuidará su pueblo, “ovejas de su aprisco”, suscitando buenos pastores que lo cuiden, como David en sus tiempos; y, luego, vendrá Jesús, el Buen Pastor que “dará la vida por su rebaño”. (Primera lectura Jeremías 23,1-6)
Por nuestra parte aclamamos hoy al Señor con el Salmo 22: “¡El Señor es mi pastor, nada me habrá de faltar! A diferencia de los pastores duramente criticados por Jeremías, el Buen Pastor nos guía por sendas de justicia, y, aunque tengamos que enfrentar peligrosas quebradas vamos seguros de todo mal.

El apóstol Pablo, en la segunda lectura (Carta a Efesios 2,13-18) nos habla de la reconciliación humana que nos logra la cruz de Cristo, Señor nuestro: Jesús crucificado ha posibilitado la reconciliación, reconstituyéndola entre nosotros y Dios.

Desde el Calvario, se ha producido la unidad de la humanidad: Judíos y gentiles: “un solo pueblo” y “un solo Hombre nuevo” en Jesucristo.
El texto del Evangelista Marcos nos muestra la comprensión y solicitud de Jesús para con los apóstoles que regresan de misionar; como también el entusiasta empeño de las gentes seguir al Señor para escuchar sus enseñanzas; y, por parte de Jesús, su emoción al verlos “como ovejas sin pastor”; todo ello como preludio del signo milagroso de la multiplicación de los panes, tema del próximo domingo.

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos (6,30-34)
Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Palabra del Señor

El conjunto de las lecturas, manjar de la mesa de la Palabra de hoy, nos presentan la obra de Dios como un trabajoso servicio de amor.
Dios quiere el bien de nosotros sus hijos, busca buenos guías- buenos pastores- para los pueblos; trata de reunirnos, ayudándonos a vivir en paz y libertad; pero el mal era tan hondo que fue preciso que el mismo Dios-Hijo, Jesucristo, se encarnara, se hiciera hombre, para dar testimonio de la verdad y mostrara el amor de Dios muriendo por nosotros. Así venció el poder del mal, nos removió desde el alma con el dón del Espíritu Santo y así inició el camino de la paz y la unidad.
Una lección importante del Pan de la Palabra de hoy, es lo que se San Marcos recordaba del Señor: “Vio la gran muchedumbre, se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor”.

La raíz de gastarse, de darse, del servicio a los demás es la compasión. Cuando nosotros con el apostolado, la catequesis, o la “ayuda fraterna” hacemos como el Señor que “estuvo enseñándoles largo rato” estamos compartiendo la compasión de Jesús por las tantísimas gentes que viven “como ovejas sin pastor”.
Es bueno fijarnos en modelos cercanos por humanos, como la Santísima Virgen Maria que “partió de prisa a las montañas de Judá para hacerle de “nana” a su anciana prima Isabel que era madre primeriza. Ella nos dé su ejemplo y su oración para que la imitemos en su compasión. (Lc. 1,39-45)

Pbro. CROMACIO DÍAZ DE ALDA URSUA
Colegio Episcopal Seminario San Rafael