FE CON OBRAS

25 julio, 2015

17° Domingo de discipulado
A los pies de Divino Maestro

26 de Julio de 2015

En el siglo XIX sonó como un bombazo terrorista esta afirmación de Carlos Marx: “La religión es el opio del pueblo”: famosa y lapidaria frase que provocó un escándalo monumental. No la vamos a aceptar como un dogma, pese haberse pronunciado dogmáticamente:
Dios, la fe, las religiones son un invento “calmante”, tranquilizante, promovido por las clases poderosas en riquezas, al amparo de los curas, para evitar huelgas, y lograr que los pobres les quitaran a tirones lo que también era de ellos.
Los cristianos debemos serenamente enfrentarnos a las críticas que, a través de 2015 años, se nos hacen, para limar y dejar al descubierto, sin impurezas, las enseñanzas de Cristo y su Evangelio.
Es injusto no reconocer la preocupación que los cristianos hemos tenido por los protagonistas de tantas clases de pobreza, prueba de su solidaridad con los desprotegidos. Larga sería una lista de obras en beneficio de ellos a nivel mundial; pero muy cerca nuestro podríamos recordar al Padre Pienovi y su “Refugio de Cristo”, a San Alberto Hurtado y su “Hogar de Cristo”, a los Hermanos de San Juan de Dios y sus enfermos; a la Escuela Arturo Edwards de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, a la obra “Un Techo para Chile”, a la Escuela Profesional Salesiana no sólo de Valparaíso, sino a nueve más: agrícolas, industriales masculinas, femeninas y mixtas, al Patronato de los Sagrados Corazones de Valparaíso… que son como un grito de amor a Cristo y a los pobres.
Y, mirando la historia social de Chile, preguntarnos cómo fue posible que la justicia social, el progresismo bien entendido, nos lo hayan arrebatado a los cristianos cuando tenemos todos los presupuestos necesarios para ser pioneros en esas lides: Así el primer Sindicato Obrero de Chile fue la ASICH, obra de San Alberto Hurtado, la misma CUT nació al amparo de empresarios, empleados y obreros católicos.

Hoy la Palabra de Dios nos da una lección del interés divino sobre los problemas inmediatos de las gentes.
En la primera de las lecturas encontramos al Profeta Elías satisfaciendo a los hambrientos con el regalo que le acababan de hacer: “Así dice el Señor: “Comerán y sobrará”. (2 Re. 4,42-44)
En la segunda, San Pablo Apóstol, nos recomienda, también a nosotros discípulos del 2015, a “vivir conforme a los planes de Dios y a la vocación que de Él hemos recibido. ¿Cómo? Unidos a El por la fe y el amor a los demás, hijos de Dios, por el vínculo de la paz y la caridad: “Amor al prójimo por amor a Dios: (Ef. 4,1-6)

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan (6,1-15)
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?”. El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Háganlos sentar”. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.
Palabra del Señor

Una multitud lo seguía asombrada “por los signos que hacía”: una demostración de la atención de Jesús a las necesidades de esas gentes que “llevaban caminando todo el día, estaban a campo abierto”: tenían que tener hambre. No se le ocurrió aprovechar la concurrencia y la disponibilidad de escucharlo, sino que, inmediatamente resolver el problema “uno”: el hambre.
No lo hizo solo, porque
“Un niño se le acercó
aquella tarde,
sus cinco panes le dio
para ayudarle…
“Los dos hicieron que ya
no hubiera hambre”, refiere un
(canto popular infantil.)
Y Jesús lo hizo con total y absoluta generosidad: cuando Cristo invita no se queda corto.
Hoy debemos poner atención en la forma de ser y hacer del Señor: el hambre, la sed, la enfermedad, la muerte van a tener en él un enemigo; nunca pasó de largo o mirando a otro lado, al contario, fluía de él una fuerza irresistible que daba al que algo pedía: la felicidad que ansiaba. No hablaba solamente del “más allá” del Reino de los cielos, pisaba en el “ahora” de “este mundo”.
Es mucho más cómodo predicar “para la vida eterna”, porque esa postura no exige compromisos personales.
Creo que no es ésa la actitud del Divino Maestro y la que espera de nosotros sus actuales discípulos.
Fe con obras: así lo dice la Escritura en Carta a Santiago: “¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? Alguien dirá: ¡Tú tienes fe y yo las obras; muéstrame, si puedes, tu fe sin obras, que yo con mis obras te mostraré mi fe” (Stgo. 2,14-18)
En chileno esta verdad se dice “obras son amores y no buenas razones”
María, la pobre de Nazaret, con su ejemplo y oración nos ayude a hacer nuestro el lema “Fe con Obras”.

Pbro. CROMACIO DÍAZ DE ALDA URSUA
Colegio Episcopal Seminario San Rafael